Albert Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en la ciudad de Ulm (Alemania) y murió el 18 de abril de 1955 en Princeton (Estados Unidos).

Es quizá el científico más reconocido a nivel mundial. Desarrolló la Teoría de la relatividad y la que seguramente es la ecuación más popular de la historia: E=mc 2, la equivalencia entre masa y energía.

Durante su infancia era reservado e introvertido y no empezó a hablar hasta los tres años. A este lento desarrollo intelectual, él le atribuyó el hecho de haber sido la única persona que pudo elaborar una teoría como la de la relatividad, ya que un adulto normal no se pregunta sobre el tiempo y el espacio.

En 1900 se graduó en Física y obtuvo el diploma de profesor de matemáticas y de física, aunque no encontró trabajo hasta pasados unos años.

Einstein finalizó su doctorado en Física en 1905 con la tesis: “Una nueva determinación en las dimensiones moleculares”. También, en ese mismo año, además de sus tesis, publicó cuatro artículos más en la revista científica alemana Annalen der Physik que cambiaron la concepción del universo.

En estos artículos explicaba el efecto fotoeléctrico que le consiguió el Premio Nobel de Física en 1921, el movimiento browniano, la teoría de la relatividad especial y la equivalencia entre energía (E) y su masa (m), en los términos de la ecuación E=mc 2, donde (c) es la velocidad de la luz. Estas publicaciones son conocidos como artículos del Annus mirabilis.

En 1908 inició su carrera docente como profesor en la Universidad de Berna.

En 1914 volvió a Berlín como miembro de la Academia de Ciencias prusiana. Allí se centró en perfeccionar y desarrollar la Teoría general de la relatividad que presentó en 1915 y una vez finalizada le público en la revista Annalen der Physik en 1916.

La confirmación de su teoría llegó en 1919, al ser fotografiado un eclipse solar por una expedición astronómica inglesa. Gracias a esto, Einstein fue conocido como el nuevo Newton y su reconocimiento internacional no hizo más que aumentar.

Después de fallecer el patólogo encargado de practicarle la autopsia, Thomas Harvey, sin contar con permiso, extrajo el cerebro de Einstein con el propósito de estudiarlo y descubrir de dónde venía la increíble inteligencia del físico alemán.

No fue hasta 1999 cuando la revista Lancet publicó el artículo El excepcional cerebro de Albert Einstein, de la neurocientífica Sandra Witelson. En él se determinó que los lóbulos parietales de Einstein tenían una morfología atípica, conclusión a la que también llegó un estudio realizado por la Universidad de Florida en 2012.

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Por: Tomás Ermolli – 6° Año – Especialidad COMPUTACIÓN